miércoles, 9 de marzo de 2011

Educando miedos en una continúa lucha de expresión

Basado en el texto analítico "La lucha por el pensamiento propio en Colombia", Revista Nómadas. MÓNICA ZULETA, ALEJANDRO SANCHÉZ.




Para desarrollar el significado de un pensamiento necesitamos determinar qué conducta es adecuada para producirlo: tal conducta es para nosotros toda su significación”. Pierce en James, 1984:47. Nómadas.

No basta con seguir ese innato proceso que ha brindado el ser social. Nacer, vivir fornidamente la niñez, responder a la personalidad que se busca en la juventud y así mismo, lograr los objetivos que se planearon a medida que nuestras conciencias y actos hablan con “madurez” cuando se experimenta cada vez más las acciones que nos caracterizan como un ser más de la sociedad.

Mónica Zuleta y Alejandro Sánchez muestran el irónico esquema en el que está planeada la organización social colombiana mediante la no clara delimitación de los pensamientos y acciones políticos y militares (guerra); desgraciadamente, así se rige el pasado, por qué no el presente y por supuesto el futuro; en el que se muestra que un ser social es producto de la ambivalencia estatal, económica y política. El hombre no es la representación diferencial sino un público más, visto necesariamente como un grupo igualitario conformado con lo que el contexto socio-educativo y cultural nos trasmite, porque aún seguimos creyendo con la grata esperanza que aquellos individuos que representan un legado y espacio histórico colombiano cambiaran la desigualdad social, pobreza, discriminación y violencia con un poder que le sedemos nosotros como ciudadanos al representar un país, por ejemplo.
La educación es el único medio que permite trasformar los conocimientos y pensamientos del hombre, grata estrategia utilizada para “cambiar el mundo”, pero no como se quiera sino como se pueda; ya que gracias a la tiránica articulación de la cultura (costumbres), la política y la economía ha sido imposible crear un aprendizaje propio cuando la misma historia que ha formado estos tres grandes enfoques se han representado a través de violencia y radicalidad.
El miedo ha sido implantado en nuestras mentes en el cada día. Nos llenan de superficialidad sin darnos la oportunidad de por lo menos dudar de un mundo lleno de patriotismo e ideologías políticas heroicas que nos han dado a través de libros y/o fuentes históricas, nuestro ego queda en el piso cuando profesamos con una credibilidad dibujada a machetazos, pistolas y bombas.
¿Qué tan importante es ser libre con la expresión en un país cuando la vida no se respeta y se es conforme con lo que el poderío político hace con su propio pueblo?, ¿qué tan claro está el termino de libertad dentro del holocausto democrático, si es que existe, cuando ni se puede pensar libremente cada vez que nuestra cotidiana esencia está llena de ruidos y miedos?.
No estamos hechos, como lo dijo un maestro a ser producto del engaño, merecemos dudar de nuestras raíces y de la metodología que utiliza el sistema educativo para ser “una mejor persona, un buen ciudadano, sin discriminar a la otra persona que nos separa por una clase social”. La ironía empuja a burlarse grotescamente de la manera en que nuestro país ha sido representación vivas del consumo y la guerra.