jueves, 29 de marzo de 2012

Degústame

Aprendí a degustar a través de un libro y a practicar con una imagen; las situaciones reales han sido pocas y recuerdos muchos… muchos. Aprendí circunstancialmente el ambiguo y complejo significado del placer de apaciguarlo, imaginarlo, crearlo y sentirlo de maneras casi que infinitamente distintas sin necesidad de catalogarlo como una sensación solamente sexual.

Siempre, en cada momento pienso como si fuese el apropiado para degustarte, degustarlo desde lejos o relativamente cerca cuando hablamos de una comunicación recurrente y formal. Veo con aquella observación que compagina y entrelaza una historia a partir de… bueno sin decir que tal vez pienso que estoy loca al catalogarme como idealista empedernida y totalmente perdida por la hormona y la sensibilidad.

Casi que me da igual explicar y sentir lo que pienso y recuerdo, y que por ello me gustaría conservar por siempre y tan fresca la hibrida labor de los sentidos que formaron y van formando momentos que degustan por siempre.

Conservar o no me lleva al mismo punto de observar la barba, la mirada el moviendo de la boca, la voz y el tono que embellece y genera una simetría gesticular, la mirada… la puta mirada, realmente me jode, me conecta, me recuerda, me induce y dice: “le encanta”.

Respira y muerde la boca las veces que se puedan, el ser repetitivo no importa, me gusta porque ese mismo gesto embellece la pose idealista que tengo de un pensador susceptible ¡así no lo sea, qué se yo!.

El vacilar o no cuando intento ser segura desde lo interesante, en este punto o en cualquier otro muestra pulcritud y torpeza cuando degusto todo lo rustico y lo perfecto de la conexión y la comunicación instintiva del cuerpo en un conjunto casi que racionalmente perfecto… …¿Por qué? "El puto argumento es solo porque disfruto y amo el gusto: el buen gusto".