miércoles, 13 de octubre de 2010

La agradable inseminación a una reflexión solitaria

Foto de htpp//: argentinaconciergue.com


El día era agradablemente urbano, Bogotá y su clima frio, casi que con un vendaval constante. El centro de ella estaba comúnmente repleto de gente con sombrillas, gabanes que cubrían las medias veladas de mujeres que salían de las oficinas y bufandas que compaginaban con todo gusto.

A las tres veinte inicia la función de El Origen en el teatro Embajador, película que está en cartelera desde julio, su estreno en Colombia. Nadie quiso disfrutar de mi compañía a excepción de un desconocido que encontré en la entrada de la sala “Me toca ver está película para un trabajo de psicología, me dijeron que es buena vamos a ver…”

Las 5 personas a espera de la gente que desocupara la sexta sala, para entrar a la próxima función eran cada una de aspecto distinto; “webon pilas con el pop corn” (crispetas o maíz pira en su defecto), la niña que tenía como rostro su cabello, los dos amigos quela acompañaban era de su mismo semblante, de la misma “pinta”. Un hombre con gafas robustas y un libro en la mano, esperaba en una esquina con sutil paciencia, y finalmente al lado mío ese desconocido que no pregunté nunca su nombre, dotaba su cara redonda con cabello largo, audífonos en sus oídos y manos en los bolsillos de la vestimenta totalmente negra.

No fue tanto la espera, para entrar al lugar adornado con sillas y pantalla grande. Las mismas 5 personas me acompañaron en todo el trayecto de mi objetivo, nadie más entró ni a mitad ni a final de película. La profundidad y el eco era más penetrante y las propagandas del proyector sólidas, y comerciales “El Espectador, eres lo que lees”.

Por fin un primer plano puso toda mi atención a la imagen… el mar, los ojos… el mar… la espalda… el mar y entra en acción otra persona. La imaginación, la historia, y la emoción llena de codicia, libertad y riesgo respondían a través de un secreto hecho amor, hecho memoria.

El lidiar con la realidad de una persona, Cobb, personaje principal junto al sueño y los anhelos de él y de otros iban en contra de un destino que era imposible cambiar, la muerte, los pensamientos, y el sentir como tal era el complejo de la historia. Coob implantaba ilegalmente ideales solo con fines económicos en la mente del otro a través de los sueños.

Los sueños, palabra agradable de escuchar una y otra vez mientras el filme continuaba, ¿qué tanto aprovechamos soñar en una realidad en la que solo pensamos y queremos sin accionar con imaginación, pulcritud y emoción?

Escenas pasaron, varios sueños se desprendieron de cada actor que conformó la historia, personajes que según mi prospectiva y mi contexto momentáneo eran tan influyentes como nosotros los espectadores.

Pocas risas se escucharon, pero el morder las crispetas era un sonido constante y entrometido, la cara de cada uno de los que amoblamos un poco la sala, era neutra, masificada, se sentía que estábamos en el límite emocional, que ningún gesto era propio para utilizarse.

“La idea es un vicio, es una semilla que se implanta en el subconsciente, donde esta todo lo emocional”, dice Cobb varias veces en determinadas e importantes escenas. Iba culminando El Origen, y en el limbo ya me sentía, ese era uno de los riesgos que tenían que sobrepasar para llegar de nuevo a la realidad para liberarse y estar verdaderamente en ella.

La historia es densa, caótica e impactante pero no es de importancia contarla cuando prevalece más el impacto del espectador, y menos cuando es difícil narrar lo irreal sin pensar que es bueno disfrutar de un pensamiento sensorial hecho imagen.

EL vivir realmente sin dejar pasar por alto lo que se siente, es lograr experimentar y aprovechar el corto o largo tiempo que proporcione el destino, el envejecer radica en disfrutar lo que se vive sin dejar pasar por alto nada, sin olvidar recuerdos, porque la memoria responde a un impulso, a un sensor que empuja existir.

Todo queda en un silencio más denso que el obligado cuando el final llega, no hubo espera y en menos de lo que supuse, la sala estaba vacía, y la única que en ese momento continuo adornando el contexto fílmico era yo, la que entro con un desconocido conforme, y quedo sin esa compañía al terminar la película.

Nadie salió con gestos pensativos, por lo contrario, esos gestos eran de una impactante película más de ciencia ficción.

Un cigarro basto para disfrutar de la salida de ese de nuevo caos que se presenta en la verdadera realidad del momento. El iris, el clima y contexto urbano de Bogotá.


sábado, 9 de octubre de 2010

La panza, el crespudo y la luna

¡Mucho gusto Tulia Mendieta Narciza! Así me suelo presentar a un desconocido que es conocido por gente que forma parte de mi contexto, es asombroso los gestos que provocan el dichoso nombre, puesto que nadie imagina que en estos tiempos alguien tenga como sobrenombre un sustantivo del cual se caracterizan los adultos con canas que descansan para contar las experiencias vividas en su juventud.

Lorena Ladino Guevara nombre de alcurnia y aposentos criollos que lleva el peso de infinitas historias árabes que compactan en amoríos, con un aroma de campo, respiro de un amanecer puro y de un delicioso anochecer adornado de estrellas que simulan una eterna geografía de espacios colombianos. Nombre bello del cuál nombro al presentarme con un sutil y serio apretón de manos cuando el contexto pide un toque de protocolo.

De mí, sobresale sin normalidad alguna de la monotonía una piel blanca cortante por ojos verdes observados con instinto de cada paso, respiración y miradas de personas que conforman esos ambientes citadinos que tanto encantan.

Siempre saludan a esos ojos con forma descriptivamente emocional, responden sin pedir respuesta a una sensación densa y espontánea, las ojeras los adornan y la boca le da compañía demostrando la reciproca dependencia que tienen. La palabra y la expresión silenciosa de los ojos representan la mayor parte del mundo neuronal y sensitivo que vive con extremo Lorena, mujer que le encanta cada parte de su piel blanca.

El cabello formado es ondulado, desordenado, poco se vale de un cepillo; da destellos claros cada vez que un espontáneo movimiento resalta un agradable sponch. Ese cuerpo latino con curvas no tan perfectas, pero con pecho voluptuoso y piernas gruesas adornan mi existencia junto a una constante sonrisa de dientes que por fin son uniformes por años de arreglo.

¿Qué puedo decir?, soy amante a la espontaneidad, las energías y a la locura hecha expresión corporal, desaparece la constancia en mi sonrisa por mi sutilidad y perfeccionismo. Amo la alegría cuando me invade, de vez en cuando aprovecho la tristeza y trato de pensar en mis actos cuando el mal genio no me deja vivir a carcajadas.

Amo soñar con ideales que representen un arduo conocimiento, amo disfrutar el quedar sin neuronas cuando la ansiedad por leer, fumar, gritar y escribir desborda el movimiento en las manos.

Definitivamente amo ser yo cuando controlo y no controlo mi egocentrismo y pedantes ante el mundo, la sonrisa de medio lado, la pose discreta hecha pulcritud y la resonancia directa de un sincero pensamiento brota por cada parte de mí que genera expresión.

Con la emotividad entre las manos, el amor ha sido un constante furor enmascarado en silencio, la dependiente razón solo se ha dado en recuerdos, sueños y pensamientos de ocasiones que permiten revivirlos en tiempo lento.

¡Pa ! con bigote que adornó mi vista desde que supe saber utilizarla, su panza con una cicatriz que servía de juego mientras dormía y una sonrisa espontánea espeluznaba mi energía cada vez que hacia locuras.

Sujeto que detona en su espalda y cara, energía viva a través de destellos que evidencian lo buen mozo que fue al tener años atrás una juventud latente, manos y ojos expresivos son recuerdos que no borraran el paso del tiempo; en ellos, junto a sus constantes gestos se odia y sobra la palabra. Veo su rostro caritativo con el recuerdo y optimista con la vida.

Puedo decir que es mi primer y continuo amor por tener siempre ese rostro que observo en cada momento al mirarme al espejo. Cejas, nariz, ojos y ojeras copiadas indiscutiblemente por mí. Él es esa persona que hace que el dolor viva, que la muerte no exista, y que todo lo que conforma la materia sea valorado de la misma manera en que se sabe de la importancia de la existencia de personas como él para soñar en vida.

Explosivo con sus actos causados por su empuje sensitivo que hace que viva una existencia vacía de límites. Mi padre da miedo cuando está bravo, da optimismo cuando da un consejo y se desea amar cada vez más toda una vida cuando expresa con cuerpo y corazón cada afecto por su familia. El tiene el rostro siempre feliz y elocuente.

El buen y mejor respiro se da con una buena e impactante sensación, el placer hecho materia es la medicina que permite responder a grandes rasgos mi ansiedad por la vida.

El crespudo permitió poder responder a esa manía placentera, en poco tiempo logró cautivar el realismo mágico de mis gustos, de las energías citadinas y de la naturaleza lunar. Él tiene esa barba que impresiona una de las tantas hormonas que se enloquecen y levitan al ver todo lo que la mente soñó hechos en esa persona. Junto a esa abundante y alternativa barba, el cabello crespo y rendido por la demencia responde a un sponch oscuro, sexy y descomplicado. Tiene esos ojos que recuerdo con un gesto prematuro por la timidez egocéntrica y encantadora, que a distancia simulan normalidad pero responden de cerca a un tono grisáceo que impresionan cuando una mirada es casi tacto. No es de olvidar su gusto por disfrutar de comentarios robustos y ordinarios cuando expresa un afecto, pero responde más con el tacto las ganas y la verdadera dependencia que tiene por el mundo, en especial por el cigarro y las mujeres. No hay explicación para exponer lo dominante que es la boca, pero lo poco atractiva al verla haciendo lenguaje con dientes algo amarillos y no tan uniformes.

Tiene una deliciosa y alarmante pedantes que adorna cada movimiento de su cabello, es más que expresivo cuando canta, escucha y fuma al tener en contexto la música por la que ama y trasforma sus sueños que lo hicieron fama, su mayor representación egocéntrica.

Su piel casi que la de un europeo resalta toda vestimenta, sus manos sutiles y suaves, pero posudas recalcan un pensamiento que no se puede expresar en palabras solo en tacto, esa fue nuestra mejor expresión de una comunicación atravesada por aliento de cigarro y acento francés con la única palabra que responde a un anhelo olvido: Je ne sais pas… Je ne sais pas…

Yo soy la responsable de mezclar el gusto citadino con la noche y su luna en las venas, que deambulan por todo el cuerpo. La espléndida y basta naturaleza urbana es tan perfecta como la innata naturaleza creada por instinto de un Dios; el drum and bass, Patrick Watson y todo los sonidos alternativos han sido cómplices de tal deleite. Es tan cálido, sobrio, espontáneo, es tanta variable emoción que representa el pesado contexto de carros, personas, cultura y capitalismo que se disfruta más cuando llega la noche.

Ese objeto singular intermediador de lo urbano y lo natural es el símbolo de la única existente perfección. Es difícil de decir en palabra lo pesada que es la luna en todo contexto y en especial en aquellos momentos en que es confidente de la soledad revuelta en recuerdos densos, armónicos, pasionales y en especial amorosos.

Ella carga esa mala y buena energía de la que tanto me envicia y que se vivió con ansiedad antes, durante y después que ese recuerdo haya sido una grata consecuencia que ayudó a probar y sentir emotivamente lo que la mente y el corazón provocan.

No intento nombrar la vida futura ante mi profesión de comunicadora y menos simular la perfecta vida de periodista, sé simplemente que haré a través del destino lo que mi cabeza y mi alma prefieran soñar para hacerlo vida material. Será fácil para mí.

jueves, 7 de octubre de 2010

Viajando cultura tras cultura, cine, mensaje y creatividad

Fotografía de htpp//asalallena.com.ar

¿Es caritativo responder a la pregunta diaria de qué es cultura?, cuando vivimos de un presente que anhela un futuro distinto, siendo el mismo pasado, sino con algunas reformas dadas por el progreso tecnológico que va tan rápido como el retraso intelectual.

El depender excesivamente de los medios tecnológicos corrompe el aprendizaje, la formación crítica y emocional del ser humano que cada vez más es facilista y conforme con lo que el hombre propone a través de trazos digitales.

La película Los Viajes del Viento, tiene una historia profunda que radica y consume a su vez aspectos que cuestionan y representan parte del concepto de cultura tradicional, globalización, mensaje interpretativo y formación critica que remueve las emociones del hombre espontáneamente, no solo por la dirección de fotografía que contextualiza y reafirma al espectador las tradiciones de una región específica, sino también por el suceso emocional que rompe barreras con el objetivo del hombre al pensar en el futuro.

El suceso, inicia con Ignacio Carrillo, un juglar (compositor, que toca el acordeón y canta para toda ocasión) hombre solitario que decide recorrer toda la región Caribe, norte de Colombia, para entregar el acordeón a su anciano maestro y cerrar así el compromiso de no volver a tocar. El segundo protagonista que emprende camino junto a él, es Fermín, joven que para cumplir el sueño de ser tan bueno como “Don Ignacio”, experimenta cada paso musical que compone el camino que termina en la Guajira.

La juventud y la adultez son signos importantes que representan en la película un inicio de un objetivo y la culminación del mismo de lo que se anhela y se termina al pensar en un futuro. El rasgo distintivo de las clases sociales que se evidencia en el filme es una parte esencial que permite encontrar este problema, como el mismo en todas las generaciones del hombre desde que se convirtió en ser social. La distinción de clase ha sido consecuencia de revuelcas masificadoras, mercantilismo y globalización.

La globalización no es un término reciente, sino como se ha venido diciendo es tan solo una reforma de una acción existente y constante en el hombre, el conocer las tradiciones culturales de otras partes del mundo, es más fácil por la herramienta tecnológica que está en nuestras manos, un grato ejemplo es la internet, pero el verdadero hecho intercultural puede que no sea lo suficiente reconocido, sino es útil para la esfera económica que representa un vasto poder. Ese gran poder utiliza cualquier medio de comunicación masivo y/o actual para difundir pensamientos iguales que identifican por grupos mezclas culturales de cualquier rincón del mundo.

En el pasado, las anteriores circunstancias se daban pero con más lentitud, por la precariedad de herramientas comunicativas, por ejemplo, no era tan fácil la comunicación cuando aún no se habían creado los carros y cruces ferrocarriles para viajar con facilidad; sin embargo, se podía llegar al sitio después de mucho tiempo, en el que con el contacto directo con una persona distinta al contexto cultural, se generaba un aprendizaje y una mescla de costumbres que se intercambian como se hace hoy con constancia.

En Los viajes del Viento, se da a conocer pensamientos y emociones comunes del hombre, pero dentro de una cultura no recurrente en la cinematografía, en la que como pretexto y respuesta fija se mueve una historia llena de música representada con el acordeón, instrumento creado por los alemanes y ensamblado según su parecer por hombres colombianos que buscaban responder a un sonido diferente que se daba al escuchar el aire y al sentir cada distinto ambiente del Caribe. La globalización dada desde lo intercultural siempre ha existido.

Finalmente, la intervención fotográfica en la película, termino por tocar uno a uno los sentidos del espectador, y que gracias a la misma se contextualizó una historia, relacionó cada escena con el lugar y en especial mostró gran parte de los espacios naturales y poco reconocidos del país latinoamericano. El sonido ambiente fue clave para que el espacio fuese más cálido y distinto en cada departamento recorrido (César, Bolívar, Magdalena, Atlántico y Guajira), puesto que evidentemente según la cultura y el hilo de la historia cada sonido era diferente en cada lugar recorrido por los dos personajes principales.

Ciro Guerra, director, no solo trató de cambiar el cine en Colombia, sino que a través de lo indirecto, demostró que este país es un lecho de varias culturas, y en Los Viajes del Viento se contó una de ellas, la menos conocida y la menos recurrente. El cine en Colombia no es solo de una representación cultural de violencia, conflicto armado o narcotráfico (Rodrigo D, La vendedora de Rosas o Sumas y restas), también es música, tradición e identificación indígena.

Somos un presente que reforma un pasado, todo es lo mismo pero con representación distinta que recorre un camino a espera de recibir en un futuro algo nuevo, algo soñado. Así mismo es interesante pensar si alguna vez es bueno responder el interrogante: ¿Qué es cultura?

martes, 5 de octubre de 2010

Mi primera experiencia con la naranja

Todo empezó cuando aquel día, la noche de un martes a punto de culminar, no encontraba el esfero que me había robado del escritorio de mamá. “El que no traiga la fruta la próxima clase no entra”. ¡Mierda eso no se puede olvidar!. Observo con lentitud el movimiento de la boca de la maestra al decir esa frase, que evidentemente debió quedarse grabada en uno de los rincones de mi cerebro.

La naranja; cítrico consumido en cualquier clase social, empacado en distintas formas y comprado en miles de contextos. La plaza de mercado muestra con estética particular la variedad de esta fruta, grande, amarilla, madura, biche, podrida o cultivada con otra de su mismo semblante cítrico.

Así mismo, los supermercados de barrio y puestos que deambulan por muchos lugares de nuestra ciudad; con cortesía o a grito resonante hace propaganda de las grandes influencias de la naranja para la salud del hombre “Naranja, naranjaaaa, pa la gripa, pa´l desayuno, pa´ llevarla en el bolso señorita”. ¿Qué sería de la vida de un citadino sin la compañía de la naranja?

De nuevo, ya era martes, e iba un poco tarde para la clase, por supuesto; mi cerebro no cumplió esa fácil labor de recordar la fruta que se debía llevar. 5:30 de la tarde. En la tienda del vecino, no había nada más que habichuela, papas, cebollas, tomates y pocas naranjas. Única opción, única decisión: “don Gustavo me llevo esta que se ve jugosa y bien amarilla”.

En unos cuantos fragmentos de horas ya me encontraba en esa incómoda silla hecha para diestros, ahí comienza una de las tantas ironías que la vida empezó a mostrar. “Lorena no estás apretando la cola”, Sandra, la maestra no sabía lo incómoda que estaba al tener un dolor de espalda y un estrés que dominada todo mi cuerpo, mientras hacíamos ese ejercicio de relajación.

Solo imaginaba, mientras pasaba esa textura natural, corrosiva por la piel de mi rostro, lo delicioso que sería poder reunir uno a uno los odios perpetuos, las malas energías y la gente pedante y superflua en un solo cuerpo para exprimir sin piedad alguna, cada mala sensación que hace que provoque esa mezcla un mal día.

Contacto, la piel de mi boca, con la cáscara protectora de esa naranja, bacterias por doquier se juntaron y mi mente más que feliz de poder soñar algo que inevitablemente no se puede cumplir en la realidad, canaliza hipócritamente un buen respiro.. Hasta que… “queridos abran los ojos y saboreen su fruta”.

¿Cómo “putas” saboreo esa deliciosa fruta, con la que crecí y me cure de la gripe, cuando mi madre la preparaba con miel caliente sí no tenía las uñas largas o un cuchillo para cortarla?. De nuevo la maestra dice: “Lore, ¿por qué no te comes tu fruta? Mi rostro trata de neutralizar los malos gestos, mientras de fondo se escuchaba un eco de risas de los demás de clase que siendo muy usuales, adornan las injustas sillas diestras con una manzana de textura suave y brillante. No hay como intentar disfrutar del perfil de una fruta deliciosa, que por suerte fue la única para el ejercicio de clase.

Doy gracias al cigarro que relajó continuamente la noche del martes.

Luego mi mente con poca cavidad de memoria, disfrutó infinitamente una jugosa naranja antes de que fuera la media noche.