martes, 8 de diciembre de 2015

Machiato


Un café para mí es un recuerdo, un amor que se condensa en al ambiente apenas sale ese humito de recién hecho, un café es tanto amor junto y un cúmulo de momentos kodak que se producen doblemente cuando otra alma te contempla y disfruta junto a ti el mejor plan de todos: Irse de café en café por toda Bogotá pensando en #CoffeeTourSpontané,

Este Machiato (hecho con café de Nariño, Colombia) fue el mejor del mundo mundial y la infusión de frutos rojos combinada con una torta de chocolate milimétricamente pensada en explotar todos mis sentidos, hicieron un trip de combinaciones perfectamente saciables. Lo amé.

Pero no solo fue eso, ¿saben qué fue lo mejor? como lo dije cada café tiene su recuerdo y este me recordará siempre a un alma amiga de cafés que además de acordar un envío anual de fotos de luces de navidad, él, ese mismo día se convirtió en mi asesor de foto Spontané.




Dedicado a César, amigo y tío de mi beba canina, Simona.
Lugar: Origen Café


jueves, 19 de noviembre de 2015

Es solo Spontané



Vea a usted le cuento que escribir es cosa bella, es de esas cosas que uno no sabe describir cuando le preguntan por qué uno está enamorado.


Es dificil pero delicioso, es bonito y hasta angelical ponerle el punto final a un texto con el que usted conversó, peleó, comprendió, beso, abrazo y hasta hizo el amor. Yo escribiría en todo lado, a toda hora pero sé que no se puede… pues hay que dormir, hay que socializar y a veces hay que perder el tiempo.


Mi #Spontané es una “Lolita” elegante, explosiva, ¡espontánea! Y se pone bella siempre, de forma diferente para que usted querido amigo llegue y lea el swing que tiene todo su esqueleto y musculatura

Todos los Spontané, Aquí.


Dedicado a la "conversa nocturna" que tuve con Pálpitos -Él es una buena materia prima de inspiración- y al café que recién tome después de un mes sin poder probarlo.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Tilde a un Community Manager

Algunos por su extrema sabiduría y otros por su extrema ignorancia tildan y le agregan tumultos de responsabilidades a creativos digitales que se convierten en un todero 2.0. 

Por eso, sin nada más que juzgar y esclarecer la mente de muchos aquí les va puntualmente algunas cosas que le harán entender el mundo de un Community Manager.

¿Por qué subestimar este rol? 

- Aunque no esté de acuerdo diré Community Manager en vez de Digital Content Manager, (no quiero que se confundan, todo lo contrario, quiero que entiendan). En últimas un CM hace de todo para todo. -



1. No es una profesión que recién se escucha.

2. Un CM en su área laboral hace más de lo que corresponde, es casi que un estratega digital o un Social Media.

3. No es un camello fácil, se trabaja las 24 / 7.

4. No es un trabajo apto para “desparchados”.

5. No es como lo pintan: "Esos que se la pasan en Facebook".

6. Un CM debe adivinar como su target amanece todos los días.

7. Obligación: Ser creativo e innovador por siempre y para siempre.

8. Un CM nunca, pero nunca está desocupado.

9. Ser CM no lo hace rico y menos, lo saca de pobre.

10. A veces odia las redes sociales tanto como las ama.

11.
Un CM tiene un equipo de trabajo y trabaja en equipo.

12. Practica la escritura sin permiso a descansar.

13. Lee para matar la ortografía e inspirarse.

14. Se requiere disciplina, como en todos los trabajos convencionales existentes.



Dedicado a un texto ambiguo de Marketing directo con el que hoy desayune: 


My #Spontané
@lorenaylonen

miércoles, 13 de mayo de 2015

¿Recuerdas Lola?

Un escrito que empezó en la madrugada y termino en el Transmilenio

¿Recuerdas cuando le quitabas los zapatos y las medias a tu padre con un amor y una pulcritud que solo él conocía y disfrutaba?… ¿recuerdas que, cada dos segundos lo abrazabas para recordar que él es la persona que más amas en el mundo?

¿Recuerdas Lola que te llenabas de suspiros con el olor cálido y fresco del perfume que brotaba tu padre, después de cada abrazo, apretón de manos, y tazas de café que te llevaba a la cama?

En verdad te veías feliz, especialmente cuando le sacabas la lengua, les hacías ‘pistola’ y te disfrazabas de niña fuerte a ellos que trataban de hacerte daño o por el contrario, se quedaban perplejos, mirándote porque tus ojos claros y blancura espesa deslumbraban siempre.

¿Recuerdas las explicaciones rebuscadas que le compartías a los niños sobre cada cosa que existía en el mundo? Esa vez en la finca que alguna vez tuvo tu padre, le enseñabas la pala mágica a los niños más pequeños del campo, decías que de ella nacían pelotas comestibles que inflamaban panzas a los más flacos y hambrientos de este planeta, hablabas que la tierra, el pasto, era la cama preferida de las vacas y que las montañas envueltas de nube bajita, estaban felices porque sentían todas las mañanas, los besos que Dios les regalaba.

Lola eras tan única, tan ‘mueca’ y rubia que ni el sol ni la lluvia afectaban lo radiante de tu sonrisa sin dientes y tu cabello a medio peinar.

Eras pequeña Lola pero tan fuerte que nada en el mundo te importaba tan solo los abrazos de tu papá, la felicidad de tu mamá y los escritos cursivos de tu ‘libreta de los chécheres’ marcada con chorritos de café y con pegotes de jugo de fresa.

Hablaste cosas de grandes hasta tus 7 años, les decías a tus compañeras que besar era la forma en que los adultos hacían el amor, decías, que los esposos eran simples mejores amigos que sabían que la mejor cura para las lágrimas y el dolor eran los abrazos y las caricias. ¿Lo recuerdas? Eras coqueta y no sabías que lo eras, odiabas a los niños y al cumulo de papelitos que llenaban tu bolsillo con “Si no eres mi novia ¿me regalas tus ojos o tu boca?”

Aunque seguías viéndote sonriente, radiante y espontánea, como siempre, en tu interior te sentías sola y triste, no lo demostrabas por nada en el mundo y menos cuando atrapabas todas las noches a tu papá para contarle historias que narrabas con un discurso teatral imposible de olvidar.

Eras tú, pero ya no eras la misma, habías cambiado y cada vez más se notaba que el mundo entero te importaba, tu padre se había convertido en una persona más en tu vida, ya no escribías Lola, ya no contabas historias y tus ojos pasaron a ser chiquititos e inexpresivos, lo mismo le pasó a tu sonrisa, ya era un tinte ocasional y fugaz.

¿Recuerdas Lola?, creciste, eres grande y sensual, pero te enamoraste y te apagaste, pasaste a formar parte del mundo casual y la vida, la que tanto amaste la dejaste en el olvido.

Recuerdas, ¿cómo eras Lola?

¡Lola! Es hora de escribir, levántate, despierta y llena de olvido a los malos aires que respiran por ti, regresa, quiero escucharte contar una nueva historia.


miércoles, 25 de febrero de 2015

Escribir es para valientes


Nadie sabe a qué se atiene en frente de una hoja en blanco hasta que termina de escribir. Siempre envidie y cuestione a los escritores que con actitud y seguridad cuestionaban con argumentos mágicos los escritos de otra gente, me vi en ese banco muchas veces, incluso no olvido lo que me dijo una colega (periodista) acuerpada y de cara bonita: “Usted no sirve para esto, de seguro tiene alguna habilidad que podrá explotar mejor”.

Unos dicen que un buen escritor se hace, otros que nacen y muchos tantos dicen que necesita de las dos. Digo yo que un buen escritor simplemente necesita agallas para enfrentarse a una hoja en blanco exploratoria e impaciente y a un duelo mental repleto de un nudo de emociones y pensamientos incongruentes.

Escribir exorciza, es tan mágico, caótico, desgarrador, desafiante… pero también práctico y seductor. Escribir es para valientes me dije a mi misma en un sueño, lo escribí en mi libreta de los “chécheres”, se lo dije a un conocido que lo único que tiene de idea en esta vida es querer levitar de por vida con su propio ego y lo publiqué en el feed de mi Facebook para no olvidarlo.

Probé mi valentía escribiéndole a la decencia de la gente, a mi vida, a la ciudad, a los hombres, -especialmente a uno -, probé mis miedos, mi dislexia y forcé mis ojos para afinar y crear textos que hicieran temblar, enamorar, sonreír, tranquilizar o enfurecer al destinatario. Tuve agallas y fuerza de voluntad, -le di descansos a los miedos- y me observe en el rito urgente de crear, me vi en las pausas y respiros que le daba a los textos pensando con un café y me gustó mirarme encorvando la boca para pronunciar sílabas que en repetidas veces me hacían sonrojar y maldecir en español criollo y en un gringo francés difícil de entender.

Y sigo en el camino… probando esos famosos síntomas de escritor: No me importa que mi bolso pese más de un kilo si llevo mi libreta de los “chécheres” y el libro de la buena suerte; mi musa me persigue en Transmilenio, odio hacer copys cuando estoy de malas pulgas, “primero sexo, luego escribo”, mi inspiración va con una taza de café, repugno el primer borrador, prefiero pensar en historias de largos alientos, a veces no siento que sirva para esto, prefiero que me escriban, amo que me lean.

¡Odio escribir! pero amo hacerlo...  A decir verdad me suena la idea de creerme valiente.

miércoles, 7 de enero de 2015

Hay que hacer el amor detrás de las cortinas



Hay que hacer el amor detrás de las cortinas, hay que dejarse caer, sentir de a pedacitos.

Fingir otro mundo, mirar, tocar, callar, sentirse un héroe de sutiles gemidos, oír con atención al otro, pero al mismo tiempo que está ahí; con usted detrás del telón de infinito tamaño, color, textura y contexto.

Hay que probar amor en muchas partes sin olvidar hacerlo detrás de las cortinas, con ligereza, fuerza y ritmo que no condicione y prive la vida cadenciosa que posa a través de la incoherencia del tiempo y el sabor.

Hay que hacerlo, haciéndolo con amor, es bueno para la salud de los despistes, los malos respiros, la memoria y la vida misma.

A pálpitos y al prólogo de Cuentos de Eva Luna



#Spontané
@lorenaylonen