miércoles, 25 de febrero de 2015

Escribir es para valientes


Nadie sabe a qué se atiene en frente de una hoja en blanco hasta que termina de escribir. Siempre envidie y cuestione a los escritores que con actitud y seguridad cuestionaban con argumentos mágicos los escritos de otra gente, me vi en ese banco muchas veces, incluso no olvido lo que me dijo una colega (periodista) acuerpada y de cara bonita: “Usted no sirve para esto, de seguro tiene alguna habilidad que podrá explotar mejor”.

Unos dicen que un buen escritor se hace, otros que nacen y muchos tantos dicen que necesita de las dos. Digo yo que un buen escritor simplemente necesita agallas para enfrentarse a una hoja en blanco exploratoria e impaciente y a un duelo mental repleto de un nudo de emociones y pensamientos incongruentes.

Escribir exorciza, es tan mágico, caótico, desgarrador, desafiante… pero también práctico y seductor. Escribir es para valientes me dije a mi misma en un sueño, lo escribí en mi libreta de los “chécheres”, se lo dije a un conocido que lo único que tiene de idea en esta vida es querer levitar de por vida con su propio ego y lo publiqué en el feed de mi Facebook para no olvidarlo.

Probé mi valentía escribiéndole a la decencia de la gente, a mi vida, a la ciudad, a los hombres, -especialmente a uno -, probé mis miedos, mi dislexia y forcé mis ojos para afinar y crear textos que hicieran temblar, enamorar, sonreír, tranquilizar o enfurecer al destinatario. Tuve agallas y fuerza de voluntad, -le di descansos a los miedos- y me observe en el rito urgente de crear, me vi en las pausas y respiros que le daba a los textos pensando con un café y me gustó mirarme encorvando la boca para pronunciar sílabas que en repetidas veces me hacían sonrojar y maldecir en español criollo y en un gringo francés difícil de entender.

Y sigo en el camino… probando esos famosos síntomas de escritor: No me importa que mi bolso pese más de un kilo si llevo mi libreta de los “chécheres” y el libro de la buena suerte; mi musa me persigue en Transmilenio, odio hacer copys cuando estoy de malas pulgas, “primero sexo, luego escribo”, mi inspiración va con una taza de café, repugno el primer borrador, prefiero pensar en historias de largos alientos, a veces no siento que sirva para esto, prefiero que me escriban, amo que me lean.

¡Odio escribir! pero amo hacerlo...  A decir verdad me suena la idea de creerme valiente.

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